Juegas en el desolado patio de tu casa, al que tu madre te prohibió estrictamente ir ya que no posee cercas y da un camino libre al bosque.
Pero hallaste la llave de la puerta bajo el tapete y debes probar el columpio nuevo, un día gris no te desanimara, son solo unas cuantas nubes.
Te balanceas con precaución, con una cuerda en cada mano, tu cabello juega en el viento también, cada hebra se dispersa divertida.
Sientes que puedes volar, y las carcajadas se desprenden de ti, son incesantes y sin más comienzas a tararear, hasta que esa canción se hace evidente y la sueltas en soledad, con jubilo entonas la melodía:
Juguemos en el bosque, mientras el lobo no está.
¿El lobo esta?
Una ronca voz se oye desde una gran distancia, casi susurrando entre risas.
—No—responde—,no esta.
Tu respiración se acelera, un sudor frío recorre tu nuca, has dejado de columpiarte. Tragas saliva y divisas la puerta, es lejana a ti y no te atreves a abrir paso entre este escalofriante ambiente.
Inhalas y continuas, creyendo que no ha sido mas que producto de tu imaginación, como siempre han dicho tus padres. Y balbuceando del pavor, prosigues:
Juguemos en el bosque, mientras el lobo no está.
¿El lobo esta?
Un gruñido te alarma, pequeños pasos tras él rompen con hojas y ramas secas a tus espaldas.
—No—la risa maliciosa se vuelve mas cercana a ti— ,continua.
Lanzas un gemido intentado contener un grito y a pesar de que cerraste los ojos con ímpetu, unas lagrimas se deslizan por tus mejillas, tus manos temblorosas sujetan las cuerdas con pánico.
Intentas bajar tus pies con lentitud, para que rocen el césped. Muerdes tu labio inferior y te detestas a ti misma por no obedecer a tu madre. Pero desorientada, reanudas la melodía, porque la posible ira de esa voz desconocida te aterra aun mas:
Juguemos en el bosque, mientras el lobo no está.
Si él nos oye,nos devorara,él nos comerá.
Un animal corre a toda velocidad hacia ti,esta a punto de abalanzarse,con su mandíbula abierta,su pardo pelaje erizado y rabia pura.
Lanzas un grito ensordecedor,pero en lugar de correr,alzas tu caperuza y te colocas los brazos sobre los ojos, como si pudiera protegerte o si prefirieras ver esa tela roja antes de morir.
Pero solo oyes un lamento,un golpe y un lamento.
—Sigue—exige la tenebrosa voz nuevamente— ¡Sigue!
Te lanzas de rodillas al suelo, sin ver nada, pues tu visión esta cristalizada por tu sollozo.
—¿El lobo esta?—logras consultar con la voz quebrada, tartamudeando, con una verdadera curiosidad.
—No—por fin secas tus ojos, para ver lo sucedido, ves a un cazador retirando el cuchillo del estomago del lobo, sin apartarte la mirada, una fría mirada penetrante que solo una bestia podía poseer, sin desdibujar ni por un segundo esa enfermiza sonrisa de sus labios,sin vacilar le dio otra puñalada.—No,esta.