Las puertas se cerraron,cada hotel o casa de hospedaje rechazaba a ese sombrío hombre por su aspecto,tan temible,tan desagradable.
En el umbral se encontraba,en silencio,su saco oscuro empapado de la tormenta que invadía desde la mañana a Ciudad del Viento.
De sus ojos colgaban unos oscuros y gastados parpados inferiores,de sus labios purpuras,cual muerto,no se emitía una sola palabra.
De su blanca tez se podía deducir un estado deplorable y de su lánguido aspecto era fácil sobrecogerse.
Pues en Ciudad del Viento no había quien no se estremeciera al ver este ente tan inquietante.
El gélido aire golpeteaba contra las ventanas de los hogares,previamente atascadas,donde en su interior se encontraban familias horrorizadas.
Un anciano conmovido del forastero,decidió albergarlo hasta que el escándalo del ciudad cesara.
Lo invito a su morada,le indico donde dormiría y con afecto intento hablar con el fenómeno:
-No son siempre así,el temor cambia hasta al mejor hombre del pueblo ¡No son mas que gallinas alborotadas!-Menciono el dulce anciano con una sonrisa,mientras preparaba café para ambos.
El hombre de fúnebre apariencia,no respondió.
El anciano de jovial carácter pregunto:
-Y dígame ¿Que hace un forastero en Ciudad del Viento? No es un lugar muy turístico que digamos.Ademas,ya sabe el escándalo que atormenta nuestra tierra...
-Muerte-menciono en melancólico tono-Mi madre murió,ella nació aquí así que,la enterrare en el cementerio de esta "alegre" ciudad.
El anciano callo unos segundos,comprendió que el muchacho no había dicho "enterraremos" sino "enterrare",haré,solo,pues ya no tengo mas a nadie.Pues es mi deber.
-Cementerio que es el centro de atracción de turistas hoy en día,al parecer-respondió al fin-Joven,el temor de estos superficiales cobardes no es por tu aspecto-Inmediatamente se arrepintió de juzgar con tal frialdad a su invitado,pero prosiguió-Sino,porque son siete,siete victimas de este asesino misterioso que evade las pruebas y realiza un perfecto trabajo para no ser descubierto. A pesar de que hay sospechas,nada es seguro,este asesino serial deja sus victimas tendidas en el suelo a plena luz del día,descuartizadas se lucen en la entrada de la iglesia,con una cruz en el pecho y una nota con el nombre del desafortunado...¡Ja! No puedo creerlo,no me eh presentado ¿Como es posible? Arthur Van Liber a su servicio.
-Pero que horror,jamas imagine algo así,vea usted.Me ha dejado los pelos de punta,entiendo perfectamente la reacción de los pobres cita dinos Sr.Van Liber,me presento,Edgar Gélido.
Tan solo con mencionar su nombre el aire se volvía tenso,espeso,tan espeso como para cortar una rebanada caliente y servirle al Sr.Gélido así tal vez,podría entrar en calor y ya no ser gélido.
-Bueno,no hay nada que unas cucharadas de azúcar no puedan endulzar.-Menciono en tono risueño Van Liber,mientras pasaba una taza de café caliente a Gélido.
-Lo que no comprendo,mas allá que agradezco su cortesía,es ¿Por qué me ayudo,no teme a ese psicópata que vaga por las calles?
El anciano se tomo su tiempo,revolviendo su café hasta que emitió una triste declaración.-Estoy viejo,demasiado,y no dejare de vivir los últimos días que me quedan por un criminal.
Conversaron por un rato,horas mas tarde,cada uno fue a dormir a sus respectivos cuartos.
Luego,la trágica mañana siguiente,sucedió lo temido.Todos rodeaban el cuerpo sin vida que se encontraba en el suelo,en la entrada de la casa de Dios.
No había otro culpable,pues la casa del señor Van Liber era impenetrable,los muros altos,con espinas en las puntas,ventanas selladas,era segura en definitivo.
Y allí se encontraba,adornado con sus órganos y su sangre,con una cruz y una nota en el pecho:
"Aquí yace : Edgar Gélido".